Antes de comparar distintos tipos de alimentación, es importante comprender cómo funciona el aparato digestivo de perros y gatos. Aunque ambas especies comparten algunas características anatómicas, presentan diferencias metabólicas que influyen en sus requerimientos nutricionales y en la manera en que utilizan los nutrientes.

En esta nota recorremos las principales características del sistema digestivo de perros y gatos y explicamos qué información aportan al momento de pensar una alimentación completa, equilibrada y adecuada para cada especie.

Del lobo al perro doméstico

El perro doméstico (Canis lupus familiaris) comparte un ancestro común con el lobo gris. Durante el proceso de domesticación y convivencia con los seres humanos se produjeron diferentes adaptaciones, entre ellas una mayor capacidad para aprovechar el almidón.

En muchas poblaciones caninas se observa un mayor número de copias del gen AMY2B, relacionado con la producción de amilasa pancreática. Sin embargo, esta característica puede variar entre razas e individuos y no permite definir por sí sola cuál es la alimentación más adecuada.

En comparación con el gato, el perro presenta una mayor flexibilidad digestiva y metabólica para utilizar proteínas, grasas y carbohidratos. Esto no significa que sea igual a un ser humano ni que todos los ingredientes produzcan la misma respuesta en todos los animales.

El gato: un carnívoro estricto

El gato doméstico (Felis catus) es un carnívoro estricto u obligado. Esta clasificación no se relaciona solamente con sus preferencias alimentarias, sino con adaptaciones metabólicas concretas.

En comparación con el perro, presenta mayores requerimientos de proteína y necesita recibir mediante la alimentación determinados nutrientes, como taurina, arginina, ácido araquidónico y vitamina A preformada.

En el gato, la capacidad de síntesis de taurina a partir de otros aminoácidos es muy limitada e insuficiente para cubrir sus necesidades. Por eso debe obtenerla obligatoriamente mediante la alimentación.

También posee una capacidad limitada para convertir el betacaroteno en vitamina A y para producir ácido araquidónico a partir de otros ácidos grasos. Estas particularidades deben contemplarse al formular cualquier alimento destinado a la especie felina.

Un recorrido por el aparato digestivo

Boca y dientes

La dentadura de perros y gatos presenta adaptaciones para sujetar, desgarrar y cortar el alimento. Los caninos son fuertes y las piezas carnasiales actúan de manera similar a una tijera. A diferencia de los herbívoros, no presentan grandes superficies dentales especializadas en la molienda prolongada.

La digestión enzimática del almidón no comienza de manera significativa en la boca, sino principalmente en el intestino delgado, a partir de la acción de la amilasa pancreática y otras enzimas digestivas.

Estómago

El estómago participa en el almacenamiento y procesamiento inicial del alimento. Su ambiente ácido favorece la activación de la pepsina y el comienzo de la digestión de las proteínas. El pH gástrico no es constante: cambia según el ayuno, la composición del alimento y el momento de la digestión.

Aunque la acidez gástrica funciona como una de las barreras naturales frente a los microorganismos, no vuelve a perros y gatos inmunes a los patógenos alimentarios. Por eso, la inocuidad debe garantizarse mediante la selección de materias primas, las buenas prácticas de manufactura, los controles microbiológicos, los procesos de reducción de patógenos y el mantenimiento de la cadena de frío.

Intestino delgado

En el intestino delgado ocurre gran parte de la digestión enzimática y de la absorción de aminoácidos, grasas, vitaminas, minerales y carbohidratos digestibles.

La longitud y la estructura del aparato digestivo forman parte de las adaptaciones evolutivas de cada especie, pero no permiten determinar por sí solas si un alimento es adecuado. También deben considerarse su composición, procesamiento, digestibilidad y equilibrio nutricional.

Intestino grueso y microbioma

En el intestino grueso se reabsorbe agua y se fermentan algunos componentes que no fueron digeridos previamente, especialmente determinadas fibras.

El microbioma intestinal participa en la producción de metabolitos, como los ácidos grasos de cadena corta, y se relaciona con la integridad de la mucosa y la función inmunitaria. Su composición puede modificarse según la dieta, la edad, el ambiente, los medicamentos y el estado de salud del animal.

Enzimas y metabolismo: diferencias importantes

Digestión del almidón

El perro presenta una mayor capacidad para digerir almidón que su ancestro silvestre. El gato, por su parte, no realiza una digestión salival significativa del almidón y presenta adaptaciones enzimáticas diferentes. Sin embargo, un gato sano puede digerir y utilizar almidones correctamente procesados.

Esto no significa que los carbohidratos constituyan un nutriente esencial para el gato. Significa que la ausencia de un requerimiento mínimo no debe confundirse con una incapacidad absoluta para digerirlos.

Metabolismo de la glucosa

El gato presenta una actividad muy baja de glucoquinasa hepática y mantiene activas diferentes vías metabólicas adaptadas a una alimentación naturalmente rica en proteínas. Aun así, los gatos sanos pueden utilizar la glucosa proveniente de carbohidratos digestibles.

Neoglucogénesis

En el gato, la producción de glucosa a partir de aminoácidos se mantiene activa de manera continua. Esta es una de las razones por las que sus requerimientos proteicos son superiores a los del perro.

Taurina

En el perro sano, la síntesis de taurina suele ser suficiente cuando la alimentación aporta cantidades adecuadas de aminoácidos azufrados. En el gato, esa capacidad es muy limitada e insuficiente para cubrir sus necesidades. Por eso, la taurina constituye un nutriente esencial para la especie felina.

Vitamina A

El perro puede convertir parte del betacaroteno en vitamina A activa. En el gato, esta conversión es insuficiente, por lo que necesita recibir vitamina A preformada mediante la alimentación.

¿Qué implica todo esto en la práctica?

  1. Perros y gatos necesitan proteínas de buena calidad. El gato presenta requerimientos proteicos más elevados y adaptaciones metabólicas específicas que deben respetarse en la formulación.
  2. Las grasas aportan energía y ácidos grasos esenciales. La cantidad y el tipo deben adecuarse a la especie, la etapa de vida y la condición corporal.
  3. Los carbohidratos no poseen un requerimiento mínimo establecido en perros y gatos, pero pueden aportar energía y cumplir funciones tecnológicas o digestivas dentro de una fórmula equilibrada. Su efecto depende de la cantidad, la fuente y el procesamiento.
  4. Los distintos tejidos e ingredientes aportan nutrientes diferentes. Las carnes, vísceras y otras materias primas pueden contribuir con proteínas, aminoácidos, grasas, vitaminas y minerales. Sin embargo, ningún ingrediente aislado garantiza que una dieta sea completa.
  5. La adecuación de un alimento depende del conjunto de la fórmula. Deben evaluarse el aporte total de nutrientes, la relación entre ellos, la digestibilidad, la seguridad microbiológica y la etapa de vida para la que fue diseñado.

Para tener en cuenta: la anatomía y la fisiología ayudan a comprender las diferencias nutricionales entre perros y gatos, pero no deben utilizarse de manera aislada para afirmar que un único tipo de alimentación es adecuado para todos.

El perro presenta una mayor flexibilidad para aprovechar diferentes nutrientes. El gato conserva adaptaciones propias de un carnívoro estricto y requiere una formulación específica que garantice el aporte de taurina, arginina, ácido araquidónico, vitamina A preformada y otros nutrientes esenciales.

Más allá de si un alimento es crudo, cocido o extrusado, su evaluación debe considerar si es completo y equilibrado, si resulta apropiado para la especie y la etapa de vida y si se produce bajo condiciones adecuadas de inocuidad.

Referencias bibliográficas

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Revisión veterinaria: Dra. Romina Martínez.